ARTÍCULOS
ENTREVISTA DE JAVIER MARTINEZ
(Director Artístico del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle, Valladolid)
a ALBERT VIDAL con motivo del homenaje en reconocimiento por su labor artística
como una de las figuras más destacadas de la creación escénica contemporánea.

Entrega de la figura de Comediante por parte de
D.Francisco Javier León de la Riva, alcalde
de Valladolid, 25 de mayo, 2011
¿Cómo te encuentras? ¿Cómo va el cuerpo en relación a la cabeza?
En general me encuentro bien. Sobre todo si no descuido el ejercicio físico y mantengo una alimentación sana. El artista performántico debe tener la condición física de un atleta y la mente de un sabio. Solo así podrá afrontar las cavernas y estratosferas de lo humano sin sucumbir a su propia subjetividad. Me gusta pensar en términos de paradigmas. En esto pienso que soy un hombre de otra época, pero no de una época pasada sino de una que está por venir. Esto es lo que yo llamo la Vía del Príncipe algo que nos separa cada vez más del alto porcentaje de ADN que compartimos aún con los simios. En esta nueva escala de superación humana la cabeza y el cuerpo forman una unidad homogénea que se traduce en alta estima y dignidad.
¿Cuál es tu preocupación más cercana y cuáles son tus referencias actualmente?
Mi preocupación más cercana es no ceder ante los embates de la estandarización que con caretas seductoras pueden alejar al creador de su itinerario. Cada uno de nosotros somos un ser único e irrepetible y de esencia divina y no debería haber excusa válida para comprometer esta harmonía con el destino. Debemos mantener alerta siempre nuestro espíritu en un estado de revolución permanente. Sólo así podremos irradiar unos parámetros auténticos de renovación social. Mis referencias más vibrantes las hayo en las profundidades de mi ser. Quizás por eso siempre me ha fascinado la letargia de las serpientes.
¿Qué recuerdos en la actualidad dan vueltas en tu cabeza?. ¿Cómo te imaginas el futuro?
Me encanta el vacío y el silencio. Quizás me imagino así el futuro en una vuelta a este vacío y a este silencio. Deseo firmemente que el ser humano siga ascendiendo en su vía de perfección y conocimiento, una vez superado el trance de desarreglos de dolor y confusión por el que atraviesa la humanidad.
¿Qué ocurre en tu interior cuando te encuentras frente a una obra de arte?
Intento recrearla en mi cuerpo. Resonar el ADN energético de su creador. Convertirme en musa barroca, ángel renacentista, piedra prehistórica o cualquier otra sublimación del espíritu, pero que resuene en verdad algo muy común que comparta con los demás y que me ayude a desvelar los misterios de la existencia.
¿Cuál de las diferentes disciplinas artísticas produce más emoción al público y cuál a ti mismo?
La emoción que produzcan las diferentes disciplinas artísticas en el público está en función de la caja de resonancia que este mismo público presente frente a ellas. Creo que es una pregunta difícil de contestar con objetividad ya que dependerá de la educación, condición social, edad, momento socio político etc. El artista debería estar al servicio de su obra y permitir con su oficio, convertirse en puente transmisor de unas verdades que le superan. A mí personalmente me seducen más las artes que no pasen tanto por la descripción y que no aferren demasiado el espíritu. Pero no haría distinción de medios de expresión sino más bien concomitancia o no con un sentir universal.
¿Qué es la dramaturgia?
El arte de poner en orden los sentimientos, pasiones y emociones humanas en una aparente consecuencialidad que nos permita reflejarnos nosotros mismos, en las historias de los demás.
¿Qué significa la luz?
Una vez más el bipolar complemento de la oscuridad sin la cual no tendría razón de existir.
¿Qué sentiste respecto al teatro el día que suspendiste la actuación?
Aquel día mi suspensión estuvo provocada por un profundo respeto al teatro. Ya que ya no me podía permitir engañar a los espectadores. Estaba completamente fuera de lo que hacía. Quizás aquel abandono fue uno de los actos más puros y honestos que he realizado.
¿Qué sentimientos te producen nombres como: Jefe Cochís, Caballo Loco o Toro Sentado?
Estos nombres me producen una cierta nostalgia de algo que los seres humanos hemos ido perdiendo a lo largo de la historia y espero que un día podamos recuperar aquellos valores, pero trascendidos a unos niveles de lectura de dimensión cósmica.
¿Tienes miedo a la muerte?. ¿Y a volver de nuevo a nacer?
Ningún miedo, toda mi vida he conducido la existencia de manera que el día que la muerte me abrace pueda recibirla con amor. Volver a nacer de nuevo es para mí un anhelo más que una inquietud ya que sustancialmente me considero un hombre bueno. Y por lo tanto creo que mi espíritu se albergará en un soporte físico y circunstancial bello y elevado. Hablando de la muerte, de todas maneras en mi epitafio quiero que rece lo siguiente: la próxima vez por favor lo mismo.
¿Por qué te ilusiona el homenaje?
El respeto y la consideración que me mostráis ante mi itinerario me sosiega el alma.
¿A qué huele Valladolid?
Valladolid lo asocio a nobleza y caballerosidad. Se me hace en general como una ciudad con un espíritu elegante. Y esto no lo digo para quedar bien. Es así.
¿Qué cosas te producen asco y cuántas de tus vida darías por algo?
Sobre todo la ignorancia atrevida.
¿Qué es ese algo?
Ese algo es mi máxima aspiración; no perder mi confianza y amor por lo humano.
¿Qué edad te gustaría tener y a quién elegirías a tu lado?
Creo que debemos siempre celebrar la edad que tenemos. Pues la vida es en sí un crisol de presentes que resplandece en todo su recorrido. Elegiría a mi lado a quien ya está conmigo.
¿Qué es eso de los sintecho?
Los sintecho son príncipes oscuros de la libertad.
¿Qué música y qué autores aparecen en tu interior en la soledad de la montaña?
Pienso que los buenos autores y compositores son los que me han conducido apreciar el silencio en la soledad de la montaña.
¿Qué cosas te producen miedo?
Espero no parecer altanero si os digo que me considero un hombre bastante ajeno a la sensación del miedo. Procuro en general no empatizar con obras o circunstancias que lo fomenten y este es un consejo que os doy a todos vosotros.
¿Quién eres tú?
Eso lo sabes tú mejor que yo.
¿Quién soy para ti?
Te lo diré cuando te haya mirado a los ojos.
¿Cuál es tu sitio después de tantos sitios?
Siempre intento que mi sitio sea el lugar en el que estoy y mi realidad la que vivo en el momento. Pero bueno ya sabemos que eso no es tan fácil, quizás por eso exista el cambio, el anhelo y el desequilibrio, quizás por eso cada mañana amanezca en nosotros la sensación de seguir existiendo en una realidad mutante que encontrará la suprema paz y serenidad con el omnipotente abandono de la muerte.
Javier Martínez ( Director artístico del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid)
25 de mayo, 2011, Valladolid
ENTREVISTA DE JAVIER VALLEJO A ALBERT VIDAL
(IV Premio Paco Rabal de Periodismo Cultural, 2011)
LAS MUTACIONES DE ALBERT VIDAL
De un hombre que ha celebrado su entierro en vida bien se puede esperar que ante la muerte celebre su nacimiento. Albert Vidal, explorador del teatro, ha hollado suavemente todos los caminos que van de la cuna al féretro, sin perder el Norte. Antes que actor, es un médium entre algo que hay en algún lugar ignoto y alguien que desea verlo. No interpreta a Shakespeare ni a Lope, sino al hombre despojado de su circunstancia y al demonio que lo tienta eternamente. Tiene olfato para el arquetipo. En Historia de Joan, nacido de un oso, su último espectáculo, reinventa el arte añejo de los bardos para contarnos una leyenda arcaica, acompañado por Javier Macaya, Pitu Andreu y Ricard Vallina, músicos embebidos en la tradición oral. “Encontré este cuento en un libro que compré para mi hijo, y vi que existen versiones inmemoriales en toda Europa. Habla de una mujer violada por un oso y de cómo el hijo que tienen juntos, al crecer , se escapa con su madre, le arranca la piel al padre, se hace amigo de tres titanes y acaba cortando en dos al rey del mal. ‘Lo tiró a un pozo tan profundo que desde arriba no se veía el fondo ni nada que se le pareciese’ dice el cuento. Eso encierra un conocimiento cósmico intuitivo: parece que estuviera hablando de un agujero negro”.
Historia de Juan, nacido de un oso tiene mil vericuetos y mucha miga: habla de cómo afrontar la vida, de la confianza en uno mismo, de la amistad y la traición. “Es un relato lleno de tesoros ocultos y de emociones perdidas. Acompañamos mi versión con música de tradición oral peninsular: el comienzo, con una charrada salmantina; el encuentro de Juan con las dakinis en el fondo del pozo, con una danza de aquelarre; el final con un romance de ciego cantado con la voz de sangre e hígado de nuestros abuelos…”. Para concentrarse , Vidal y su equipo se encerraron en su masía del siglo IX, “un depósito de memoria más antiguo que España y que Cataluña”, dice.
Éste es el quincuagésimo espectáculo que Vidal escribe, dirige, produce e interpreta. “No soy actor, soy un pensador que se expresa teatralmente, un buscador de palpitaciones olvidadas pero inscritas en la memoria genética”. ¡Pues si no es actor él, que hace sonar el cuerpo como Sviatoslav Richter el piano! El bufón, espectáculo unipersonal con el que se hizo famoso hace 30 años, era cima de elocuencia gestual. En El aperitivo, se encarnó en ese actor autómata ideal que Heinrich von Kleist imaginara en su día sin saber cómo materializarlo. En El hombre urbano, recreó en los principales zoos europeos lo que hace cualquier ejecutivo en su casa, a jornada completa: el público prefería verlo a él antes que a los delfines o a los osos panda. Los festivales se lo subastaban. “Podría haber seguido toda la vida con El hombre urbano, pero cuando empecé a dominar los trucos para distraer al público, lo dejé. Necesito sorprenderme”. En performances posteriores, luchó desigualmente contra camiones y palas excavadoras en lo más hondo de un hondo solar, se enterró vivo y emergió triunfante al son de los tambores de Hellín, ofreció un concierto silencioso a las cinco de la madrugada y sin anunciarlo, para no tener público… “ A principios de los ochenta, las performances todavía eran tales. Luego dejaron de serlo: se ritualizaron, esclerotizaron y amaneraron. Cuando los ayuntamientos empezaron a organizar festivales de performance, decidí a dedicarme a otra cosa”.
Su participación en la película Sangre y arena, junto a Sharon Stone y Christopher Reeve, fue detonante de un cambio de ciclo. “Viéndome de torero y hablando en inglés, hecho polvo, me dije: “Tienes que hacerte un exorcismo’. Alquilé un palacio en la medina de Marraquech, para retirarme unos meses, y me decidí a colgar un toro muerto en una urna, de vuelta a Barcelona, para contemplar su descomposición”. Al final, en vez de toro, puso junto a su lecho el cadáver de una cría de gacela muerta antes de nacer, y le dio tiempo al tiempo. “Contemplando la vida de la muerte, con su poesía, sentí que el espíritu no se desapega nunca de la materia. Todo es vida: el calor, el humo y la piedra”. De esa experiencia, Vidal extrajo El mundo, el demonio y la carne, primero de una serie de espectáculos sobre energías oscuras. Luego, se fue a Extremo Oriente, para acabar viviendo en Ulan Bator (Mongolia), donde conoce a su esposa. “En un viaje de vuelta, Xavier Jaumot y yo grabamos en vivo en la soledad de mi masía una serie de conciertos de canto telúrico, sin público. Él me decía que me veía poseído mientras cantaba, y era cierto: estaba en un estado de posesión controlada. Había presencias demoníacas a las que no dejaba entrar, por ingobernables, y otras con un fondo amoroso, que podía cabalgar. Cada noche , al final nos levantábamos los dos, nos abrazábamos, saludábamos a un público virtual con total seriedad, y comentábamos delante de un té cómo había estado ese público ausente. Xavier me decía que me había visto flotando en la habitación. En esa època rozábamos el peligro”. Para que entienda que esto no es locura, Vidal me cuenta cómo vio en Niger a las mujeres bori dejándose cabalgar por los espíritus después de ensayar meticulosamente los pasos de la danza de posesión. “Eso me pareció el ideal de lo que debería de ser el arte de actor: un arte sagrado, próximo al del médium. Una anciana que apenas se tenía, al ser poseída iba gallarda como un militar. Aquí hemos perdido esa capacidad báquica, panteísta y animista de transformarnos, de mutar, de jugar con nuestra esencia. Al humanizar el peligro metafísico, las religiones monoteístas perdieron en calidad de conocimiento”.
Lo próximo de Albert Vidal, agárrense, es un espectáculo de variedades místicas, producido en Katmandú. Conoce bien el género matriz: fue ayudante de El Carbonilla en el Oasis, de Zaragoza. “Aquello fue oro molido. Un día me presenté a don Celestino, director del Oasis, sin decirle quién era: ‘Miree, es quee a mí mee gustaría apreender a haceer de cóomico” dice que le dijo estirando las vocales. “ Y sin preguntarme quien era ni de dónde venia, me colocó de espalda (el que da las réplicas” de El Carbonilla, artista que tenía el conocimiento antiguo de la profesión: imagínese que nació en un carromato. Don Celestino me puso Cachito de nombre de guerra, y Cachito fui durante meses en los que me di un baño de disponibilidad y una cura de humildad.”.
Opina Vidal que la revista es el último teatro de alta estilización que hubo en España, con sus deidades sensuales y sus cómicos de pista: “Las formas de alta estilización, llámense kyogen, bunraku, noh, o kathakali, se desarrollan en épocas donde el espíritu de la sociedad está muy alto. En épocas de decadencia, el teatro adquiere otros perfiles. Alguien dijo que una sociedad enmascarada no soporta ver máscaras en escena. Y al revés, una sociedad que vive lo humano intensamente disfruta con las mascaras”.
La experiencia de Vidal en el teatro porno, con María de Marías, es capítulo aparte. “Lo hicimos cuando no estaba de moda, sin ningún tipo de caricia intelectual, para no ahorrarnos la crudeza del género. Nos montó los números Chus, del pornoteatro Bagdad, de Barcelona. Allí aprendí los trucos para gobernar la erección en público, cosa que luego me ayudó a gobernar los espíritus durante las posesiones”.
Lamento, créanme, no tener espacio para informarles de cómo se hacen ambas cosas, aunque Vidal lo explica con todo lujo de detalles.
El País, 03.10.2009, Javier Vallejo